Vlkolínec, el pueblo eslovaco que quiere salir de la lista de la UNESCO

El pintoresco pueblo eslovaco de Vlkolínec, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1993, pidió recientemente salir de la lista. DW visitó la localidad para averiguar los motivos.A juzgar por los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo, la historia parecía sencilla: un pequeño pueblo eslovaco quería que la UNESCO lo retirara de la Lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad debido a las presiones del exceso de turismo. Pero las entrevistas con residentes, autoridades locales de la aldea de montaña de Vlkolínec, a unos 718 metros de altura en los Cárpatos, así como con visitantes, sugieren que el debate se centra, no tanto en su salida de la lista de la UNESCO, sino, sobre todo, en cómo proteger del sobreturismo a una comunidad activa que desea seguir con su vida sin tener que lidiar todo el tiempo con turistas. Transformación acelerada “Quienes vienen con humildad, para admirar el pueblo y comprender cómo vivía aquí la gente, siempre son bienvenidos”, afirmó Anton Sabucha, de 68 años. “No me molestan. Son los maleducados los que incordian”. Sentado bajo un toldo frente a su casa de madera, Sabucha hojeaba un libro sobre la historia del pueblo, señalando fotografías de vecinos y familiares. Su esposa trajo una bandeja con buñuelos. El hombre recordaba cuando en Vlkolínec vivían unas 200 personas. Hoy en día, solo quedan 17 habitantes que residen allí todo el año. El pueblo fue declarado Reserva del Patrimonio de la Arquitectura Popular en 1977, durante la era comunista. Sin embargo, explicó Sabucha, su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1993 aceleró la transformación, atrayendo a visitantes que, con demasiada frecuencia, olvidan que todavía hay personas viviendo en esas casas de madera centenarias. La pérdida de privacidad “Uno sale al jardín con ganas de sentarse tranquilamente a tomar un café con sus amigos. Entonces llega el primer turista y le pregunta: ‘¿Cómo está? ¿Qué tal se vive aquí?’. Luego llega otro. Y otro más”, contó a DW. Anton Sabucha ha instalado una valla a la entrada de su propiedad con carteles que indican “Prohibido el paso” y “Prohibido tomar fotos”. Afirmó que, a pesar de ello, algunos visitantes siguen entrando en los jardines privados, pisoteando las flores y tratando el pueblo como una atracción turística en lugar de como una comunidad. “Hay quien ve el cartel de ‘Prohibido tomar fotos’ y, aun así, tiene que sacar una foto. Simplemente no respetan la privacidad de las personas”, lamenta. Desaparición de la vida tradicional en los pueblos Pero la mayor pérdida, según él, ha sido la desaparición gradual de la vida tradicional en los pueblos. Ya no se siegan los prados de los alrededores, las antiguas terrazas agrícolas están cubiertas de maleza y muchas de las personas cuyas vidas han dado forma al paisaje ya no están. Los ingresos del turismo, argumentó, han contribuido muy poco a revertir ese declive. Los residentes reciben alrededor de 400 euros al año procedentes de la venta de entradas a museos y exposiciones, “apenas lo suficiente para comprar un palé de briquetas para el invierno”, dijo Sabucha, mientras que muchos de los que ahora se ganan la vida con el turismo ya no viven en el pueblo. “Para un turista cualquiera, estas no son más que casas de madera. Para nosotros, son personas. Sabemos exactamente quién vivía en cada casa”. El atractivo de un pueblo vivo Justine, una turista procedente de Francia, afirmó que el atractivo del pueblo residía precisamente en el hecho de que la gente siguiera viviendo allí. “Normalmente, lugares como este son museos. Aquí, la gente sigue viviendo. Eso es único”, dijo a DW. Cuando se le informó de que algunos residentes deseaban que Vlkolínec fuera retirado de la lista de la UNESCO debido al turismo, afirmó que comprendía su frustración. “Que haya gente paseando por su pueblo todos los días puede resultar desagradable”, señaló. “Pero, al mismo tiempo, el turismo también contribuye al desarrollo de la región. Es difícil saber qué es lo mejor”. Estar en la lista de la UNESCO contribuye a la conservación No todo el mundo está de acuerdo en que la UNESCO sea el problema. Miro Parobek, responsable de turismo del municipio de Ruzomberok -que administra Vlkolínec como distrito municipal-, reconoció que el turismo había planteado retos. Sin embargo, defendió que la solución pasa por una mejor gestión, y no por retirar el pueblo de la Lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad. “Nuestra principal prioridad es preservar la arquitectura tradicional”, declaró Parobek a DW. “Pero nuestro objetivo es también que este siga siendo un pueblo vivo. Queremos apoyar a las personas que viven aquí”. Parobek dijo que todas las entradas llevaban el mismo mensaje: “Vlkolínec no es un museo al aire libre. Por favor, respeten la privacidad de las personas que viven aquí”. ¿Es posible la exclusión de la lista? Pero aunque algunos habitantes también piensen como Anton Sabucha, no conseguirían que Vlkolínec fuera eliminado de la Lista del Patrimonio Mundial; eso es una tarea casi imposible. La UNESCO solo ha dado de baja sitios en tres ocasiones desde que se creó el programa en 1978: el valle del Elba en Dresde (Alemania), tras la construcción de un puente de cuatro carriles; la zona histórica ribereña de Liverpool, tras una remodelación a gran escala; y el Santuario del Órix Árabe de Omán, después de que la mayor parte de la reserva protegida fuera despojada de su estatus. En cada uno de estos casos, la UNESCO actuó porque los sitios habían perdido de forma irreversible las cualidades por las que habían sido inscritos originalmente. No existe ningún precedente de que una comunidad haya solicitado su exclusión de forma voluntaria. Y no hay indicios de que Vlkolínec vaya a convertirse en el primer caso en que se acepte dicha solicitud. (gg/cp)

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