Wolfsburgo y el enmohecido sótano de los recuerdos

Se alega que el Wolfsburgo ha pasado sin pena ni gloria en su larga permanencia en la Bundesliga. Pero hay suficientes argumentos para apreciar al club, incluso en su momento más precario.Como en sus tiempos de férreo defensor en el Borussia Dortmund, el ex internacional alemán Kevin Großkreutz olió la debilidad del contrario y barrió con todo ímpetu. “Quiero que desciendan, y punto”, dijo el jugador en su podcast “Viertelstunde Fußball”, en referencia al Wolfsburgo, equipo seriamente amenazado de bajar a la segunda división de la Bundesliga tras largos años en el máximo circuito. “De hecho, no deberían descender. Su estadio está siempre lleno y el ambiente es fantástico”, ironizó el campeón mundial con la selección alemana en 2014. “Pero yo siempre hablo del corazón. ¡Que se vayan!”, sentenció. Es verdad que, con notables excepciones de las cuales se ha hablado repetidamente en este sitio, el Wolfsburgo parece ser de esos equipos que pululan por la zona media de la tabla, sin mayor aspiración a títulos ni glorias. Aquí también se ha hablado del caso del Augsburgo, otro de los que históricamente flota en la liviana nube de la mediocridad dentro del fútbol alemán. Sin embargo, hay detalles que diferencian a uno y otro caso. Mientras que al Augsburgo pocos los extrañarían fuera de los confines de esa ciudad bávara, en caso de un descenso, el Wolfsburgo ha aportado a la Bundesliga momentos que alimentan la amargura al ver la actual situación de los lobos verdes. Un club que ha dejado huella A diferencia del Augsburgo, el Wolfsburgo ha demostrado históricamente que, incluso en el fútbol alemán, cuando se quiere, se puede. El campeonato del torneo 2008/09 fue producto de un plan. El club no solo había contratado a Felix Magath como entrenador, sino que le dio al mismo tiempo el puesto de director deportivo. El control de Magath sobre la plantilla fue total. Wolfsburgo procedió entonces a fichar a dos campeones mundiales italianos para reforzar su defensa: Andrea Barzagli y Cristian Zaccardo. En la media cancha tenían como motor a un rejuvenecido Zvjedzan Misimovic, mediocampista bosnio formado en las juveniles del Bayern Múnich, y en la delantera, a los diabólicos Edin Dzeko y Grafite. Con todos ellos, el título se logró. De igual modo, no está lejano el cuarto lugar en Bundesliga que Wolfsburgo alcanzó en 2020/21, entrenado por Oliver Glasner. O el vicecampeonato de 2014/15, con jugadores como los brasileños Naldo y Luiz Gustavo, el suizo Ricardo Rodríguez, el campeón mundial alemán Andre Schürrle, los croatas Ivan Perisic e Ivica Olic y, por supuesto, un mediocampista belga ligero y desconocido llamado Kevin De Bruyne. Completaba la plantilla el neerlandés Bas Dost, en el que quizá fue el momento más brillante de su carrera deportiva. La peor defensa del torneo De la historia del Wolfsburgo habría que rescatar a otras figuras como el gran portero suizo Diego Benaglio, o los argentinos Facundo Quiroga, Juan Carlos Menseguez y delantero Diego Klimovicz. Aún se recuerda la habilidad y creatividad del brasileño Marcelinho en el medio campo de los lobos, donde también jugó en su regreso a la Bundesliga el temperamental genio Diego Ribas da Cunha. En cuanto a crisis actual, buscar las causas es todo un desafío a la lógica. Es cierto que el equipo no tiene una plantilla deslumbrante, pero sí suficiente para aspirar a bastante más. En jugadores como Maximilian Arnold o el danés Christian Eriksen, parecería radicar una veteranía de sólido apoyo a otros como el danés Jesper Lindström, que dejó buenos recuerdos en el Eintracht Frankfurt. Pero es evidente que todas las filas han quedado a deber. Su máximo goleador es el argelino Mohammed Amura, con solo ocho anotaciones, mientras que su comparsa, el danés Jonas Wind, apenas ha jugado 11 partidos debido a lesiones. A esta carencia ofensiva se suma un severo colapso defensivo. Las únicas constantes en esas filas son el griego Konstantinos Kulierakis y el francés Sael Kumbedi, mientras que el resto ha carecido de constancia. El resultado son 63 goles en contra, el peor balance defensivo junto con el del desahuciado Heidenheim. Bajo estas circunstancias, el descenso es para el Wolfsburgo una posibilidad amargamente real. Su destino está ahora en manos de Dieter Hecking, artífice del subcampeonato de 2014/15, y quien, por cierto, replicó fuertemente lo dicho por Kevin Großkreutz. Y con razón. Pese a sus limitaciones, los lobos verdes han escrito buenas páginas en la historia del fútbol alemán de clubes. Evidentemente, nada de eso es blindaje contra un desastre como el actual. Pero desde que ascendió en el torneo 1996/97, y a diferencia de otros clubes, el Wolfsburgo ha dejado huella en la Bundesliga. El brillo intermitente de esos recuerdos bastaría para extrañar al club, si el verdugo llega a tocar la puerta.

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