La guerra que se expande en Medio Oriente ha provocado una nueva crisis de desplazamiento en Líbano. En medio de los ataques, Beirut pospuso las elecciones parlamentarias. ¿Qué está pasando con la gente en el país?Para muchos libaneses, los ataques entre la milicia radical islamista Hezboláy el Ejército de Israel se perciben como un retorno a la guerra. “Tomé a mi hijo y a mi hija y huimos de nuestra casa justo antes de que fuera destruida en un ataque israelí la semana pasada”, contó a DW Rola Atwi, una madre de 36 años del suburbio de Haret Hreik, en Beirut. Desde entonces, la familia permanece en una acera de un barrio costero al oeste de Beirut. “Mi hija tiene epilepsia y, cuando hay ruidos fuertes, sufre convulsiones”, explica Atwi. Proteger a sus hijos se ha convertido en su única prioridad. “Me siento aturdida. Solo quiero que mi hija esté a salvo”, afirma. El Líbano se vio envuelto en la guerra de Oriente Medio la semana pasada, cuando el grupo militante islamista Hezbolá, respaldado por Irán, comenzó a atacar a Israel en respuesta al asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Desde entonces, la situación se ha agravado a ambos lados de la frontera entre el Líbano e Israel: los civiles en Israel han sido blanco de los ataques de Hezbolá y de Irán, pero las bajas civiles en Israel parecen limitadas gracias a los sistemas de defensa y los refugios del país. En el Líbano, los ataques de Israel han desencadenado una crisis humanitaria a gran escala. Según las autoridades sanitarias libanesas, hasta el lunes (9.03.2026) habían muerto 486 personas, y alrededor de 1.300 habían resultado heridas. Las cifras del Ministerio de Sanidad libanés no distinguen entre combatientes y civiles. El martes, la ONU elevó la cifra de muertos, afirmando que habían fallecido 570 personas y más de 750.000 habían sido desplazadas. “Las familias, ya agotadas por años de penurias, se ven obligadas a desplazarse una vez más, y miles de ellas tienen que dormir en coches y espacios públicos”, explicó a DW Suzanne Takkenberg, directora regional para el Líbano de Acción contra el Hambre, con sede en Beirut. La reanudación de los combates pone fin al frágil alto el fuego entre Hezbolá e Israel. En noviembre de 2024, un acuerdo negociado por Estados Unidos acabó con 11 meses de escaramuzas y dos meses de guerra que causaron la muerte de unas 4.000 personas, así como a la invasión terrestre del Líbano por parte del Ejército de Israel. Hezbolá -cuyo brazo armado está clasificado como organización terrorista por Estados Unidos, Alemania y muchos otros países- había comenzado a atacar a Israel en un intento por apoyar a Hamás, un día después del ataque de la organización radical islamista Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023. Hamás también es considerada una organización terrorista por EE. UU., la Unión Europea y varios otros países. Y Hezbolá forma parte del llamado Eje de la Resistencia, liderado por Irán, una alianza que incluye a grupos de Oriente Medio que consideran enemigos a Israel y a Estados Unidos y piden su extinción. Líbano lucha por controlar a Hezbolá El martes, el periódico Financial Times informó de que la campaña de Israel contra Hezbolá podría continuar incluso después de que finalice la guerra entre Estados Unidos e Irán. En medio de la crisis humanitaria que se está desarrollando, los políticos libaneses se preparan para una prolongación de los combates. El lunes, el Parlamento libanés prorrogó su mandato por dos años. Las elecciones parlamentarias, previstas inicialmente para mayo de este año, se pospusieron porque el Parlamento consideró poco realista organizar unas elecciones nacionales en tiempos de guerra y desplazamientos a gran escala. A principios de marzo, el Gobierno libanés ya había prohibido todas las actividades militares y de seguridad de Hezbolá y había destacado que solo el Estado libanés tiene la autoridad para decidir sobre cuestiones de guerra y paz. Para el analista político Ralph Baydoun, el impacto político de la ilegalización de Hezbolá es en gran medida un “acto performativo destinado a enviar una señal al exterior, más que una medida coercitiva”. “Los portavoces de Hezbolá siguen apareciendo en los canales de televisión libaneses, incluidos los medios contrarios a Hezbolá”, declaró a DW este observador afincado en Beirut. “Además, los más de veinte años de control de Hezbolá sobre el Estado libanés le han permitido afianzarse en muchos puestos sensibles en los ámbitos judicial, de seguridad y administrativo, lo que le da margen para maniobrar en torno a las decisiones estatales”, señala. No solo el brazo militar de Hezbolá, sino también su brazo político está entrelazado con la red política y financiera de Irán, añade Baydoun. Por otra parte, el Gobierno de Líbano y las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF) llevan mucho tiempo luchando por hacer cumplir el desarme de Hezbolá, tal y como se estipula en el alto el fuego de noviembre de 2024. Hasta ahora, Hezbolá ha entregado en gran parte sus armas al sur del río Litani, pero se niega a desarmarse por completo, alegando la necesidad de poder defender al país de los continuos ataques del Ejército de Israel, y de la ocupación militar israelí de cinco puntos a lo largo de la frontera común. Por su parte, Israel ha declarado que no dejará de atacar a Hezbolá mientras siga representando una amenaza. “Cabe señalar que Hezbolá nunca dio luz verde a los esfuerzos de desarme de las LAF y nunca permitió registros en posiciones no expuestas por Israel”, declaró Ralph Baydoun a DW, añadiendo que “los seis cohetes que desencadenaron el conflicto actual fueron lanzados desde el sur del río Litani”. Sin embargo, para el presidente libanés, Joseph Aoun, el desarme sigue siendo un tema clave, ya que también está vinculado a la tan necesaria inversión internacional para la reconstrucción de los daños causados por la guerra anterior. En ese momento, el Banco Mundial estimó los costes de reconstrucción en unos 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros). (gg/cp)
