Para las mujeres en Alemania, aún es difícil conciliar la vida profesional y familiar. Pero hay esperanza, afirma la reconocida socióloga alemana Jutta Allmendinger. Países como Islandia demuestran que es posible.Muchas parejas jóvenes en Alemania se imaginan que serán un equipo donde ambos trabajan, dedican tiempo a los niños y se encargan de las tareas del hogar. Pero al final, no pocas acaban cayendo en los roles de género tradicionales. Muchas mujeres trabajan a tiempo parcial, mientras los hombres se llevan la mayor parte de los ingresos. Esto también se refleja en la brecha salarial de género que se publica anualmente: la diferencia salarial entre mujeres y hombres en Alemania se mantuvo alta, sin cambios, en 2026. No es por falta de buenas intenciones, afirma Jutta Allmendinger, una de las sociólogas más reconocidas de Alemania. “Cuando preguntamos a las parejas qué pasaría si tuvieran un hijo ahora, el 80 por ciento de los hombres responde que reducirían su jornada laboral y que desean una distribución equitativa de responsabilidades”. Pero, al final, las cosas suelen salir de otra manera. Incentivos financieros perversos El resurgimiento de los antiguos roles de género se debe a varias razones. Una de ellas es el presupuesto familiar: dado que los hombres ganan más en promedio, son las mujeres las que suelen solicitar la baja por maternidad o trabajar a tiempo parcial. Sin embargo, esto les hace perder sus derechos a pensión, reduce su probabilidad de ocupar puestos de liderazgo, etc. Además, en Alemania, las parejas casadas en las que uno trabaja más y el otro menos, o nada, reciben exenciones fiscales. Por lo tanto, la igualdad de derechos no es rentable económicamente. En su opinión, aquí es donde la política debe intervenir. Si la igualdad es realmente el objetivo, esta forma de exención fiscal debe abolirse. No es la única que lo exige; la llamada “división de ingresos para parejas casadas” ha sido un tema muy debatido en Alemania durante años. El poder de los modelos a seguir: el Este y el Oeste Al hablar de igualdad, aún es necesario diferenciar entre el Este y el Oeste de Alemania. En los estados del Este, territorio de la antigua RDA, muchas menos mujeres trabajan a tiempo parcial y, a pesar de las condiciones estructurales, los períodos de interrupción de su carrera profesional son más breves. Aquí es donde entran en juego las diferencias culturales, afirma Jutta Allmendinger. “La cultura en Alemania Occidental se basaba en el matrimonio donde una sola persona ganaba el sustento. Estaba claro que una buena familia era aquella en la que el hombre trabajaba y la mujer no tenía que —y el énfasis está en ese ‘no tenía que’— trabajar”. Pero en la antigua RDA la situación era diferente: allí era normal y aceptado que ambos padres trabajaran. Eso ha tenido un impacto hasta hoy en día, sobre todo en lo referente a la paga por jubilación: “En cuanto a las pensiones, las diferencias en el Este son significativamente menores que en el Oeste”. Sin embargo, la carga para los padres jóvenes, y especialmente para las madres jóvenes, que intentan compaginar la carrera profesional con la familia, es la misma. Puede ser inmensa y tiene consecuencias, afirma la socióloga. Durante los últimos dos o tres años, ha observado una creciente polarización entre las mujeres, hartas de tener que buscar el equilibrio: o siguen el movimiento Tradwives y dicen que se quedan en casa a tiempo completo, o solo trabajan y renuncian a tener hijos. “No es la mayoría, pero es una tendencia creciente”. El horario laboral: lo que debe cambiar para todos ¿Cómo se puede conciliar mejor la crianza de los hijos y la carrera profesional para ambos padres? Para Jutta Allmendinger, una cosa está clara: solo funciona en conjunto y debe ser sostenible. En otras palabras, el trabajo a tiempo completo para todos, sin considerar el llamado trabajo de cuidados, no es la solución para ella; todo lo contrario. Su propuesta: una nueva semana laboral estándar de 33 horas para todos. “Mi enfoque es que los hombres reduzcan ligeramente su jornada laboral y las mujeres aumenten un poco su jornada laboral promedio. Esto no supondría una reducción del volumen total de trabajo, sino un aumento del volumen de trabajo actual”. De esta manera, ambos padres tendrían tiempo y espacio para dedicarse a sus hijos y al hogar. Además, se necesita más flexibilidad a lo largo de la carrera profesional: “Todos sabemos que hay momentos en los que uno podría tener que reducir sus horas a 28 y otros en los que puede trabajar mucho más. Me parece absurdo lo que estamos haciendo aquí (en Alemania) en este momento: estamos metiendo el tiempo para progresar profesionalmente en el tiempo para criar a una familia”. Y no olvidemos el cuidado infantil. Pero no hablemos solo de guarderías, sino también de escuelas. “Veo que cada vez más mujeres se convierten en tutoras de sus hijos, porque el sistema escolar en Alemania está empeorando”, afirma la socióloga. Islandia: la pionera ejemplar Países como Islandia demuestran que el cambio es posible, ya que ha ocupado el primer puesto en el Informe Global sobre la Brecha de Género durante 16 años consecutivos. El país ha sido noticia en los últimos años por sus estudios sobre la reducción de la jornada laboral. La socióloga Jutta Allmendinger está convencida de que la reducción de la jornada laboral es factible, especialmente considerando los futuros avances en inteligencia artificial. Además, cada vez es más posible compartir entre dos personas un puesto a tiempo completo, con el llamado Jobsharing. “Funciona de maravilla y sería un modelo mucho más sostenible”. Y aunque la igualdad en Alemania aún enfrenta trabas, ella sigue siendo optimista: “La comparación internacional nos muestra lo que hay que hacer para mejorar las cosas. No es una enfermedad incurable”. (rml/ms)
