Berlinale 2026: el difícil acto de equilibrismo en el debate sobre Gaza

La acusación de un premiado sirio-palestino de que Alemania apoya un genocidio en Gaza provocó reacciones tras la gala de clausura. También la neutralidad del festival en el conflicto de Gaza ha sido objeto de críticas.Los discursos de agradecimiento de los ganadores del Festival Internacional de Cine de Berlín reflejan el difícil equilibrio que la Berlinale tiene que lograr una y otra vez. El evento de diez días ha estado marcado en 2026 por la tormenta desatada en redes sociales debido a la declaración del presidente del jurado, Wim Wenders, de que los cineastas deben “mantenerse al margen de la política”. Las películas ganadoras de los principales galardones, Yellow Letters, de Ilker Çatak, y Salvation, de Emin Alper, demuestran que la Berlinale sigue siendo, junto con Cannes y Venecia, el más político de los tres grandes festivales de cine europeos. A pesar de las acusaciones de “censura” contra los artistas que se pronuncian sobre Gaza, formuladas en una carta abierta al festival, también este año varios galardonados han aprovechado sus discursos de agradecimiento para hacer declaraciones políticas sobre el tema. Acusación de genocidio: el ministro abandona la sala Uno de los premiados criticó al Gobierno alemán de forma especialmente contundente. El director sirio-palestino Abdallah Alkhatib, que recibió el premio al mejor debut por su película Chronicles From the Siege, dijo que, como refugiado en Alemania, le habían advertido que no traspasara “líneas rojas” en su discurso. A pesar de ello, según la traducción simultánea, dijo: “Están participando en el genocidio de Israel en Gaza.Y creo que son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de esta verdad. Pero eligen que no les importe”. Durante ese discurso, el ministro alemán de Medio Ambiente, Carsten Schneider, único miembro del Gobierno allí presente, abandonó la sala. Más tarde declaró que esas declaraciones eran “inaceptables”. Por su parte, Wolfram Weimer, delegado del Gobierno de Alemania para la Cultura, rechazó la acusación de que Alemania fuera cómplice de un genocidio en la Franja de Gaza: “Estas afirmaciones falsas son maliciosas y envenenan el debate político. Destruyen los homenajes al cine en la Berlinale”, declaró Weimer al diario Tagesspiegel. Alemania es considerada uno de los mayores apoyos de Israel y es el segundo mayor proveedor de armas de este país, sobre todo debido a su responsabilidad histórica por el Holocausto. Esta postura política se denomina “razón de Estado”. Expertos en derechos humanos y científicos de las Naciones Unidas ven indicios de un genocidio por parte de Israel en la Franja de Gaza. Israel lo rechaza rotundamente y califica sus acciones como defensa propia tras los ataques terroristas de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023. Directora del festival: “No recibimos instrucciones” El Estado alemán financia alrededor del 40 por ciento de la Berlinale. Ante los considerables recortes en el presupuesto cultural, el festival se ve presionado para seguir garantizando el apoyo estatal. A pesar de ello, su directora, Tricia Tuttle, subraya que esto no limita la libertad de contenido del festival: “Existe una supervisión estratégica, en el sentido de que informo sobre cuestiones financieras”, comenta Tuttle a DW. “Pero lo que hacemos, lo que decimos, depende completamente de nosotros. No recibimos cartas. No recibimos instrucciones de ningún tipo”. En la misiva abierta a la Berlinale se argumenta que el festival se ha posicionado políticamente en el pasado, por ejemplo, contra la guerra de Rusia en Ucrania o en apoyo de las protestas iraníes, pero no oficialmente sobre la situación en Gaza. Tuttle justifica esto diciendo que este tema es “muy polarizador”. “En cualquier conversación hay que tener en cuenta la complejidad de la situación”. Presión desde varios frentes Autoridades israelíes y comentaristas culturales observan de cerca la Berlinale. El embajador de Israel en Alemania, Ron Prosor, ha elogiado al ministro Schneider por su decisión de abandonar la gala: “Respeto al ministro Schneider y su claridad moral”, declaró Prosor al diario Bild. La Berlinale pone en riesgo su buena reputación si se convierte en “una plataforma para los que odian a Israel”. Por su parte, un bloguero del Times of Israel escribió que “la élite cultural alemana está jugando con fuego”, mientras que un comentarista de la publicación Jüdische Allgemeine calificó el discurso de Alkhatib de “incitación al odio”. Por otro lado, la campaña que exige a la Berlinale una declaración oficial sobre Gaza también ha ejercido presión sobre los cineastas. Durante las ruedas de prensa, se les ha preguntado repetidamente por sus posiciones políticas. Esto no solo provocó la controvertida declaración de Wenders “No se metan en política”, sino que también se les hicieron muchas otras preguntas que no tenían nada que ver con sus películas. “No es bueno para las películas que al final solo se escriba sobre controversias y no sobre las cintas”, dice Tuttle. Las preguntas tendenciosas no solo perjudican al festival, sino también a los artistas invitados: “Se obliga a la gente a hablar. Si no hablan, se considera una afrenta. Si hablan y no dicen lo que el entrevistador quiere oír, también es una afrenta. Y si dicen algo incorrecto, es un problema enorme”. El clip de Wenders, que se difundió de forma viral, también provocó que la escritora india Arundhati Roy boicoteara el festival. Roy dijo que la exigencia de que los cineastas se mantuvieran al margen de la política era “un intento de silenciar el debate sobre un crimen contra la humanidad, y eso mientras se está produciendo en tiempo real ante nuestros ojos, y los artistas, escritores y cineastas deberían hacer todo lo que esté en su mano para impedirlo”. “Los artistas son libres de ejercer su derecho a la libertad de expresión como ellos decidan”, afirmó Tricia Tuttle, en alusión a la polémica en redes sociales. “No se les puede exigir que se pronuncien acerca de debates generales sobre prácticas antiguas o actuales de un festival, sobre las que no tienen ninguna influencia”. Oso de Oro para Yellow Letters Ilker Çatak, cuyo filme Yellow Letters ganó el Oso de Oro, pronunció uno de los discursos más impactantes de la noche. Según dijo, no debería ponerse el foco en cosas que se dicen en redes sociales y que enfrentan a los cineastas entre sí: “No somos enemigos. Somos aliados”. La verdadera amenaza son “los autócratas, los partidos de derecha y los nihilistas de nuestro tiempo. No luchemos entre nosotros. Luchemos contra ellos”. Yellow Letters cuenta la historia de dos artistas que pierden sus puestos en un teatro estatal debido a sus opiniones políticas. La película, hablada en turco, utilizó Berlín y Hamburgo como escenario para representar Ankara y Estambul. El drama político se mantiene deliberadamente ambiguo: no se mencionan nombres de políticos ni se explica en detalle qué llevó exactamente a que se les prohibiera trabajar. Algunos críticos consideran problemática esta indefinición, mientras que otros ven precisamente en ello una fortaleza, especialmente porque la película fue rodada en Alemania. Eso recuerda que la censura de artistas puede ocurrir en cualquier lugar, no solo en Turquía. Mientras la Berlinale navega por los debates polarizados de nuestro tiempo, permanece la esperanza de que se mantenga fiel a su aspiración de dar espacio a voces artísticas diversas, también controvertidas. (ms/elm)

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