En Alemania, los grandes proyectos de construcción suelen descarrilarse: aeropuertos, estaciones de tren y salas de conciertos se terminan con años de retraso y miles de millones por encima del presupuesto.¿El nuevo aeropuerto de Berlín? Planificado para cinco años, terminado en 14. ¿La estación central de Stuttgart? Todavía en construcción después de 16 años. ¿La sala de conciertos de Hamburgo, la Elbphilharmonie? Nueve años en lugar de tres. ¿Y los costos? A veces 10 veces más altos de lo prometido. O tomemos como ejemplo la ópera de Colonia. Construida en la década de 1950 como símbolo de la democracia moderna, era una joya cultural. En 2012 necesitaba una renovación. El plan parecía sencillo: tres años de obras y reapertura en 2015. Avancemos hasta hoy: el edificio, que consta de la ópera propiamente dicha, un teatro con dos escenarios y una ópera infantil con su propio escenario, sigue siendo una obra en construcción. La cantante de ópera Emily Hindrichs recuerda el momento en el que se incorporó, en 2015: “En aquel momento pensé: ‘Bueno, es algo que resolverán rápidamente’. Era optimista”. Diez años después, Emily no ha pisado el edificio. Las representaciones se han dispersado por salas temporales y la frustración es profunda. ¿Qué causa los retrasos en Alemania? Jürgen Marc Volm asumió la dirección del proyecto en 2024, cuando ya llevaba nueve años de retraso. Volm señala la gran complejidad del proyecto: 64.000 metros cuadrados, 2.000 habitaciones, 58 empresas diferentes, además de 22 agencias de planificación. “Hubo que hacer muchos retoques porque no se concedieron los permisos adecuados y se produjeron defectos en el diseño y la construcción”, explica Volm a DW. A esto hay que añadir un proceso de licitación rígido que a menudo favorece al licitador más barato. Cuando los contratistas quiebran, el trabajo se detiene, se convocan nuevas licitaciones y los retrasos se acumulan. “Algunas empresas se declararon insolventes”, dice Volm. “Entonces tuvimos que traer nuevas empresas, y estas tuvieron que incorporarse al proyecto mientras este estaba en marcha, por lo que las cosas cambiaban continuamente”. En esencia, las fallas de comunicación fueron la raíz del problema en Colonia. “Somos muy buenos resolviendo problemas técnicos, pero no tan buenos con la comunicación”, añade Volm. Se producen retrasos masivos en proyectos de todo el país. “Alemania tiene un problema enorme en este sentido”, afirma Reiner Holznagel, presidente de la Federación de Contribuyentes de Alemania. “Los grandes proyectos ya no se construyen de forma rápida, eficiente y acorde con los requisitos. Esa imagen positiva de Alemania ya no es cierta”, dice a DW. Holznagel señala las múltiples regulaciones, desde las medioambientales hasta las de seguridad, que ralentizan todo: “La construcción en Alemania es muy, muy cara. No por los materiales o los salarios, sino porque tenemos muchas regulaciones. Estas suponen una enorme cantidad de dinero, tiempo y esfuerzo”. Las cosas se complican aún más cuando la responsabilidad y la supervisión de estas regulaciones recaen en diferentes departamentos de una gran administración. El “espíritu de Notre Dame” La aguja y gran parte del tejado de la catedral de Notre Dame quedaron destruidos en un incendio en 2019. Poco después, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció que la catedral se reconstruiría en un plazo de cinco años. Y así fue, dentro del plazo y del presupuesto previstos. Jean-Louis Georgelin, un general del ejército retirado, supervisó el proyecto con rigor militar. “Lo llamó ‘la batalla de los cinco años'”, recuerda Philippe Jost, que tomó el relevo tras la muerte de Georgelin y dirigió el proyecto hasta su finalización. Jost afirma que fue el sentido de un objetivo común lo que creó el “espíritu de Notre Dame”. “Trabajamos juntos, como una gran familia”, dijo a los jefes de todas las empresas que participaron en el proyecto. Jost también les dijo que estaba allí para ayudarlos si se encontraban con problemas. “El dinero que se gasta para resolver un problema rápidamente es dinero bien gastado. Es como apagar un incendio antes de que se propague”, afirma Jost. Estaba preparado para lo peor. Casi una cuarta parte del presupuesto de reconstrucción se destinó a provisiones para aumentos de precios, imprevistos y riesgos de programación. En lugar de señalar con el dedo, los franceses dieron prioridad a la confianza y la comunicación. Y mantuvieron el equipo reducido. Jost dirigía una organización que nunca tuvo más de 35 personas y que se creó especialmente para este fin. Pasaron más de un año buscando a los contratistas adecuados. “Teníamos que elegir a los mejores”, afirma Jost. “Los mejores no siempre son los más baratos”. El resultado fue una reconstrucción de 700 millones de euros, completada según lo prometido en cinco años. Lecciones para Alemania Ya es hora de que Alemania aprenda de las mejores prácticas de otros países, afirma el presidente de la Federeación de Contribuyentes, Holznagel: “Cuando veo el estado de algunos puentes o carreteras -por no hablar de los trenes-, me doy cuenta de que el Estado alemán tiene un problema enorme, y se entiende por qué la gente está tan descontenta”. La cantante de ópera Emily Hindrichs se sorprende por lo que considera una falta de flexibilidad en Alemania: “Siempre hay una mentalidad obstinada y rígida: ‘Tenemos un plan, lo hemos escrito, ¡se supone que debe ser así!’. Y no hay un plan B”. ¿La buena noticia? La ópera de Colonia tiene previsto reabrir sus puertas en otoño de 2026. Para Emily, será muy emotivo: “Si puedo cantar allí, será como volver a casa. Es lo que he estado esperando”. (gg/cp)
