Last Updated on enero 13, 2026 by Deutsche Welle
Tras el ataque estadounidense a Venezuela, los populistas de derecha, partidarios de Trump en Europa central y sudoriental, empiezan a comprender que Trump también representa una amenaza para ellos.Durante años, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha elogiado incansablemente a Donald Trump como un “hombre de paz”. Si el presidente republicano hubiera sido presidente en 2022, dijo Orbán, Rusia nunca habría iniciado su guerra contra Ucrania. Trump forma parte de la “retórica de paz” de Orbán, una piedra angular de la actual campaña electoral del primer ministro húngaro. Pero cuando Trump, el “hombre de paz”, ordenó el ataque a Venezuela y el secuestro del dictador Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026, los canales de comunicación de Orbán permanecieron en un silencio pasmoso durante horas. Hubo solo dos frases en su página de Facebook: “No se han producido víctimas ni bajas húngaras”. Dos días después, anunció en rueda de prensa que el ataque de Trump a Venezuela era para “eliminar un narcoestado”, lo que calificó de “buenas noticias” para Hungría. Sobre el derecho internacional, Orbán aún no se ha pronunciado. Para evitar ser visto como “hombre de guerra”, alude a la situación como “crisis venezolana”. Tomados por sorpresa El ataque ordenado por Trump contra Venezuela y el secuestro del dictador tomaron completamente desprevenidos a los países de Europa central y sudoriental, donde la mayoría de los gobiernos se consideran proestadounidenses. La reacción predominante ante la intervención de Venezuela es una mezcla de conmoción y reticencia, mientras que a otros los indigna y horroriza. El escritor húngaro Imre Para-Kovacs dijo en el semanario HVG: “Venezuela es el primer país. Pero hay políticos europeos imbéciles que también podrían acabar rápidamente en una cárcel de Nueva York”. Otros observadores señalan que el peligro del nuevo orden mundial de Trump para Europa central y sudoriental proviene ahora principalmente de Rusia. En cuanto a Polonia, el escritor Artur Bartkiewicz ve “nubes muy oscuras en el horizonte”, según escribe en el periódico Rzeczpospolita. Por su parte, la experta en seguridad polaca Justyna Gotkowska afirma en una publicación de Facebook que Rusia “pondrá a prueba a Estados Unidos y su disposición a defender las fronteras que se han mantenido hasta ahora”. El silencio de los soberanistas No está claro si el presidente populista de derecha de Polonia, Karol Nawrocki, es consciente de ello. Hasta el día de hoy, ha guardado silencio sobre el ataque estadounidense a Venezuela. En el resto del bando populista de derecha y ultraderecha polaco también reina el silencio, o se habla lo menos posible, y como mucho, con cautela, para no distanciarse de su aliado de larga data, EE. UU. En la República Checa, el populista de derecha Andrej Babis, nuevamente primer ministro, dijo: “Esperemos que todo esto lleve a los ciudadanos de Venezuela a disfrutar de la libertad y la democracia y a elegir un gobierno democrático”. El multimillonario Babis es a veces apodado el “Trump checo”, alguien que cambia rápidamente de postura según el clima político o sus propios intereses. Lleva años siendo investigado por fraude de subvenciones y también es criticado por conflictos de intereses entre la política y las actividades empresariales. Fico expresa su rechazo A diferencia de sus aliados centroeuropeos de Polonia, la República Checa y Hungría, el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, escribió en Facebook: “El derecho internacional ya no se aplica, el poder militar se utiliza sin mandato de la ONU, y todo aquel que es grande y fuerte hace lo que quiere para perseguir sus propios intereses”. Su mensaje prosigue: “Como primer ministro de un país pequeño, debo rechazar rotundamente tal violación del derecho internacional. Tengo curiosidad por ver cómo reaccionará la UE ante el ataque a Venezuela, que merece ser condenado”. Un día después, Fico suavizó su postura, afirmando que quiere garantizar que Eslovaquia “nunca se vea envuelta en aventuras militares”. A pesar de su distancia de Trump y de ser nominalmente socialdemócrata, en los últimos años Fico actúa cada vez más como un populista nacionalista de derecha. Intenta remodelar Eslovaquia siguiendo los pasos de Orbán y ve las críticas como una conspiración antieslovaca, especialmente tras un intento de asesinato en mayo de 2024 al que casi no sobrevive. El poder del presidente serbio está amenazado El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, también reaccionó con rechazo: “El orden jurídico internacional y la Carta de las Naciones Unidas ya no funcionan, declaró Vucic en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional en Belgrado el 3 de enero. “El mundo se rige por la ley de la fuerza, la ley del más fuerte, y ese es el único principio de la política moderna que existe hoy en día”. Estas palabras suenan entre grotescas y cínicas en boca del líder de Serbia. Vucic, nacionalista y populista de derecha, exministro de Información del dictador Slobodan Milosevic, ha gobernado el país más grande de los Balcanes Occidentales de forma autocrática durante más de diez años, a menudo moviéndose en los límites de la legalidad. Intentó ganarse el favor de Trump también con un controvertido proyecto inmobiliario en Belgrado, impulsado por el yerno de Trump, Jared Kushner, que finalmente fracasó. La industria petrolera serbia está bajo fuerte presión por las sanciones de EE. UU. contra Rusia, y las protestas, que ya llevan un año, amenazan el poder de Vucic. Orbán podría ser la mayor víctima de las políticas del hombre al que ha cortejado con tanta vehemencia durante años. El mandatario húngaro se da cuenta del peligro que corren las elecciones parlamentarias de abril: el viernes 9 de enero, publicó en Facebook una carta personal de Trump, fechada a principios de diciembre de 2025. En ella, el presidente estadounidense agradece a Orbán su invitación a Hungría, aunque deja abierta la posibilidad de un encuentro en el país húngaro y la fecha. Para Orbán está claro que una visita de campaña de Trump sería de suma importancia. (cp/ms)